Diminuta planta, herbácea, a la vista algodonosa, canosa. Hojas pinnatífidas, con lóbulos marcados por más de un diente; las inferiores, pecioladas, las superiores sentadas, amplexicaules, abrazadoras, insertas de forma alterna. Flores en cabezuelas, en acumulos, luego formando racimos corimbosos, divergentes, alargadas; la brácteas de los capitulos, teñidas de negro en su ápice, las externas, sin flósculos radiales, sin lígulas (los que se ven como pétalos en las margaritas), retorcidas después de la floración, enanas. Su fruto es aquenio peloso.
Florece todo el año, y gusta de nacer en márgenes de carreteras, lugares incultos, baldías. Se dispersa por toda la penín-sula.
Senecio, del latín senex, avejentado, por su aspecto al fructificar, en alusión a los vilanos que se manifiestan brozosamente; con: Erodium cicutarium, Cinchorium intybus, ............. la planta es sedante cardíaca.
Parece que el rosal tiene ya un cierta historia dentro de el mundo de la angiospermas, su existencia en la tierra es ya muy antigua. Será por eso que nos atonta con su presencia, tiene escuela. Ciertos paleontólogos coinciden en que estos tallos espinosos vivían ya durante el terciario ( esta etapa es realmente larga, entre 65 y 2 millones de años ). Fueron encontrados restos vegetales que coinciden plenamente con lo que ahora conocemos como género rosa. Como ahora, este tipo de arbusto, evita los terrenos húmedos y, se asienta sobre los que tiran a secos, es por eso que no sea fácil de encontrar restos fósiles donde se encuentre grabado, se perpetúan mal. Los restos encontrados son tallos, hojas y, rara vez, capullos.
Esta familia de plantas nos da de comer diversas frutas: como las manzanas, las peras, fresas, frambuesas, cerezas, moras, melocotones, membrillos, almendras..... ..
Botánicamente, su morfología, son arbustos, árboles, hierbas y no plantas acuáticas. Los rosales son arbustos, trepadores, o rastreros, con formaciones epidérmicas: glándulas estipitadas, acículas, setas, y acúleos. Estos últimos son lo que normalmente confundimos con las tan mencionadas espinas y, no las son. La espina siempre viene de dentro del tallo, es rígida y está anclada en su misma materia (la aulaga, las de las acacias ), mientras que las del rosal si la empujamos lateralmente se desprende, es de origen, no caulinar, lo es de cortical, superficial, (también las hay de origen foliar como son la de los cactos, buena estrategia para evitar la pérdida de agua ). Sobre ellos se asientan, sus hojas; insertas de forma alterna, compuesta, imparipinada, con foliolos aserrados, caducas o perennes, con estípulas herbáceas, soldadas a su pecíolo, evidentes. Su flores, hermafroditas, se disponen solitarias o en acumulos, en cimas corimbiformes; de cinco pétalos, e igual número de sépalos, con numerosos estambres, dispuestos en verticilos. Ovario ínfero, compuesto por varios carpelos, libres, alojado en el receptáculo, con numerosos estilos, soldados, (columna estilar). Fruto, que no lo es, es falso fruto, ya que es la evolución del receptáculo dónde va alojado el ovario, ( ocurre como con la manzana, no es un fruto, lo que nos comemos son las paredes del receptáculo engrosadas), se denomina cinorrodón o úrnula, donde van alojados los aquenios o poliaquenios, los frutos.
Los rosales son de difícil determinación, se encuentran muchas veces plantas con características que muestran una transición entre especies, fuente de hibridaciones e introgresiones.
Los recortes dejaron el invierno sin lluvias, mandaron afilar las tijeras a aquellos que eran dueños de la piedra. Invierno en primavera, sucede a quien no tiene el privilegio de cotizar el 1%. Tras los mostradores de la quita avenida se extiende bien la economía del negocio de la prenda y tela gallega, la que a muchos les fue negada. La cúpula se queda sin embrión, colgada en pedunculata rama, espera a ver subir hasta ella la hierba ansiosa de primavera. Ella no siente el recorte, eso es para la inteligencia de quien se siente apresurado por tener el nivel de vida que venden las Mujeres Desesperadas. La naturaleza no zurce pantalones, las secuoyas se elevan por encima de los robles, ya no queda casi nada en su sitio, salvo, las montañas.Habrá que pensar en algún método para poner el lago Victoria en el Gran Cañón.
Trabajan afanosamente provocadas por estas placidas temperaturas,salen y se encuentran unas engañosas flores, árboles colmados de abundantes flores, aquí y allá, continuados: los sauces cenicientos, ofrecen su polen, los ciruelos, almendros, los prunos de pisardii, néctar y polen. Acuden cada vez más pecoreadoras, y a sus colmenas llevan los preciados manjares que estimulan a la reina. Ella pone y pone, cada vez más huevas, poco a poco van duplicando sus existencias y su población se multiplica cada día. Lo hacen sin picardía, no saben que probablemente las lluvias lleguen y, entonces, si se cierra de invierno, tendrán que quedarse en su colmenas, un día, otro día......Así y, con toda esa población, la familia se resiente, la reina quiere seguir con su puesta y las obreras dobladas en varios miles, comen cada día lo que han recolectado. Si las lluvias no levantan pueden verse avocadas al fracaso primaveral. Entonces el apicultor/ra,intervine poniendo a su disposición una mezcla alimenticia para salir del paso.. . ....y bla, bla, bla, bla. Se me antoja un año difícil de llevar para nuestra Apis melífera,que tan currante es que se olvida de pensar con su cabeza, de ver bien con sus múltiples ojos y de oler mejor con sus antenas.
Planta herbácea, delicada, gaveadora a trepadora, semipostrada. Con hojas compuestas; foliolos, oblongos, mucronados en su ápice, verde cereos , algo cenicientos. Sus flores son cleistógamas ( se polinizan cerradas) en sus formas de sombra, en su base los sépalos son orbiculares, dentados. Con corola, rosada, coronada por alas de color púrpura oscuro, en forma de cuchara. Su fruto es una cápsula globosa.
Habita en cuentas, cultivos, y muros y, gusta del ambiente marino en: Europa y Macaronesia. Dispersa por toda la península, llamada aquí: herba dona, muruxa y, fumaria das paredes en Portugal.
Gracias por vuestros comentarios, sois muy amables.
A la vuelta de la esquina, hace 130 millones de años, (comienzos de el cretácico ) con un poco de imaginación climático-vegetal, y pudiésemos observar la vegetación de ese período geológico, nos encontraríamos justo en el momento en que cierta planta ( Amborella trichopoda) a la sombra de otras ( cicas, gingkos,.. tipos de pinos ) comenzaban a mostrar diminutas flores. Plantas con hojas que en sus cimas se habían vestido de lo que daría lugar a la curiosidad humana por saber de donde salían esas tan perfectas estructuras . Su exuberancia en formas y colores junto con su aparición drástica, hizo romperse
el cráneo a más uno. Charles Darwin escribía a Joseph Hooker: Cómo es posible que las plantas con flores aparezcan repentinamente en el registro fósil, para diversificarse a continuación muy rápidamente. Darwin lo daba por un misterio abominable. Él no podía estar a todo, concentró su esfuerzo en el origen basado en los fósiles, estudios de las orquídeas, isectivoris plants.. y demás. En que momento aparecen si se sabe (+-) , pero cómo aparecen y de qué gimnosperma salen, no se sabe. Pero que la planta es hoja, es un hecho y , las flores también. Podían las plantas inventarse unos genes distintos de los que construían las hojas ¿, fueron ellos mismos los que lo hicieron. Las hojas fueron el soporte para la construcción de los verticilos florales y, esto se pudo observar en los años 80 sobre una planta llamada Arabidopsis, se pudo comprobar mutaciones drásticas que daban lugar a cambios grotescos. Algunas hacían que los pétalos naciesen en el lugar de los estambres, otras convertían los sépalos en hojas. Johan Goethe ( el de la obra Fausto, el que comprobó los cambios psicológicos de las personas ante los colores.) era un visionario, en 1770 publicó un ensayo llamado La morfología de las plantas , en donde sostenía que los órganos vegetales, incluidas las flores, habían comenzado siendo hojas.
Goethe, lo tenía claro, recalcaba una y otra vez que la planta no era otra cosa que hoja. Estaba en lo cierto, siglos más tarde se descubrieron estos cambios radicales como él los había imaginado. La naturaleza no inventa nada de la ficción. No se parte mucho los genes y lo que hace es crear lo novedoso de manera sencilla.